miércoles, 6 de febrero de 2013

Nada tuvo sentido...

...y nada lo tendrá. El sentido de las cosas lo debemos encontrar en aquello que hacemos aquí y ahora. Y es cuando el presente también carece de lógica que perdemos la razón y no entendemos. No entendemos lo que nos pasa, y eso nos perturba la capacidad de asumir lo que ya pasó y lo que viene por delante.
A veces te pierdes un momento y al instante te encuetras. A veces te pierdes unos días y te mareas. A veces estas totalmente perdido y te derrumbas. Y entonces, es cuando cuesta levantarse.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Así de sencillo

En el fondo nada es tan complicado, yo lo complico o lo complicas tú, el vecino de enfrente, la abuela y el señor de la esquina. Por eso yo soy yo, tú eres tú, el vecino es el vecino, mi abuela no es la tuya y el señor de la esquina es particular. Quien sabe, quizás el señor de la esquina no se moje cuando llueve. Y vendrá alguien y no entenderá porqué no, por qué no se moja el señor cuando llueve. Pues no se moja porqué no se moja, hay cosas que son así. El señor se moja en la ducha, se moja en la piscina, cuando se baña en el mar y hasta en el río. Pero no se moja cuando llueve. Nada es tan complicado, solo hace falta entenderlo. Y si miramos todos al señor cuando llueve y no se moja, a lo mejor el señor va a pensar que es la peor persona del mundo.

viernes, 10 de octubre de 2008

Mmmmm

Hay altibajos; hay momentos mejores y peores; hay días que pasan sin darte cuenta, y otros que recordarás siempre; hay risas y lágrimas. Es la vida, las cosas funcionan así, a veces mejor, a veces peor. Hoy hay crisis, mañana no (esperemos). Hoy no me puedo ni pagar el alquiler, mañana me podré comprar un piso. Quien sabe. Es la montaña rusa de la existencia. A veces arriba, a veces abajo, curvas rápidas, deslizamientos lentos...
Por lo tanto, ni siempre estamos bien, ni siempre estamos mal. Diría mas, ni siempre estamos 100% bien, ni 100% mal, aunque lo parezca. Y lo parece porque tendemos a hacer balance y quedarnos con lo que pesa, con lo que hace bulto, con lo que más nos afecta (positiva- o negativamente).
Y a mí, hoy por hoy, me pesa la felicidad.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Echando de menos

Caminó largo rato, durante horas, varios días, hacia dónde le llevó el camino. Lo hico con alegría, con seguridad. Con convencimiento. A cada paso, los árboles de su alrededor mudaban las hojas y, progresivamente, mudaban su aspecto hasta cambiar por completo el paisaje. De tanto en cuanto, aparecía a un lado un bonito túnel oscuro con el que pronto descubrió que era posible volver al inicio del trayecto. Una conexión de ida y vuelta. Algo con lo que visitar un tiempo anterior en el presente, para regresar al ahora de nuevo. Únicamente para recuperar alguna idea olvidada, alguna cosa útil o inútil absolutamente imprescindible en el ahora que se había dejado en el ayer. Pero aunque la perspectiva del camino era tentadora, maravillosa, perfecta; esas diminutas visitas al pasado le hacían echarlo de menos. Sus paisajes, sus incomodidades, sus aires. Pero eso quedaba atrás, así que continuó caminando con alegría y la seguridad de hacer lo que debía, echando de menos lo que dejaba atrás porque lo que había vivido, había valido la pena vivirlo y le había llevado dónde estaba.

lunes, 4 de agosto de 2008

Terapia

Me digo que no me molesta porque es lo que quiero, aunque no siempre sea cierto. En algún lugar recóndito, me repatea. Me escuece el alma por una tontería, pero sonrío. Porque lo es, una tontería. Me torturan algunas ideas que se revuelcan alegremente en mi cabeza, una y otra vez, cansinas. Tonterías absurdas que no se van. Pero sé que no hay porque preocuparse, conscientemente lo sé. Y aun así, me carcome algún tipo de envidia tonta. Absurda. Infundada aversión a su existencia. Intento no pensar en ello. Lo pongo todo en una cajita en forma de diario, y allí ya no me molesta, miserable pensamiento. Así deja de existir. Así me siento mejor.

jueves, 3 de julio de 2008

No puedo

Me estrujo la mente cada vez que lo intento, pero por mucho que me esfuerzo las palabras no llegan. Parece cómo si el sufrimiento fuera la musa de la inspiración y la alegría un bonito paréntesis infructuoso. No me tengan en cuenta mi escasa producción, al contrario. Alégrense por mi!

jueves, 19 de junio de 2008

Mira, una tontería

Hable ayer con alguien y pensé. Parece tonto dicho así, pero me gustaría saber cuanta gente puede decir lo mismo.

- Que levanten la mano los que ayer pensaron cómo resultado de una conversación.

Nadie responde.

- Que levante la mano los que ayer pensaron.

Lo que me temía, nadie. Silencio absoluto. Tranquilidad absoluta. Pasividad absoluta. Ni siquiera nadie reacciona ante tan alarmante realidad. Parece tonto declararlo así, especialmente, pero en realidad no lo es. Pues yo ayer pensé. Y lo hice porque hablé con alguien.

Una vez aclarada esta primera conjunción de hechos que me llevan a mi pequeña historia, me dispongo a relatar sus consecuencias sin menciones personales ni implicaciones directas. No me interesa en este preciso instante explicaros ni dónde, ni porqué, ni con quien me hallaba. A nadie le importa y ni tan siquiera me resulta interesante. Pero me pareció curioso darme cuenta de repente de algo en realidad estúpido. No estúpido por el hecho de la estupidez que emana sino por lo evidente de la realidad que representa. Lo que me alertó es ser consciente de la inocencia y simplicidad humana al pensar, aún sabiendo positivamente que no es así, que todo va a permanecer igual para siempre. Estúpido, no?

Uno planea en función de hoy. Hoy (léase en estos últimos tiempos sea cual sea la unidad temporal) todo es fantástico. Así pues, inferimos que mañana, el año que viene, o dentro de un espacio temporal indeterminado, vamos a continuar así. Por lo que no prevemos situaciones adversas que nos encuentran en el momento más inesperado con el subsecuente sobresalto, depresión o infarto. De la misma manera, si hoy todo va mal, mañana también será así, por lo que no esperamos hallar solución a una desgracia aparentemente eterna que nos empuja, dependiendo del grado de depresión, a situaciones más o menos lastimosas o, a lo sumo, al suicidio.

El motivo por el que me resulta curioso darme cuenta es mi insistente necesidad de ser realista. Aunque el realismo puede llegar a ser un asco, sobretodo cuando todo va mal. Porque aunque toda progresión puede cambiar su tendencia, nadie puede concretar cuando va a producirse tal cambio. Por lo que ser consciente que una situación anormalmente feliz puede invertirse mañana o la peor de nuestras épocas puede prolongarse de forma indefinida, puede llevarnos a una preocupación innecesaria, de dimensiones alarmantes y de consecuencias inesperadas. Así pues, lo mejor es no pensar en ello, aunque manteniendo siempre los pies en el suelo y la seguridad que todo puede cambiar en cualquier momento en la consciencia. Y una vez asumido esto, solo cabe disfrutar o dejar pasar el tiempo, según el momento.

En este mismo instante, solo me falta decir que me dispongo a disfrutarlo. Y que dure.